La caravana roja, una metáfora de una gran tragedia

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Cada vez que me preguntan que sucede en Venezuela, es difícil de explicar, sin importar si son extranjeros o  venezolanos, lo complejo de la crisis venezolana siempre ha sido un reto. Además de elementos recientes y perversos, la crisis tiene, por supuesto, causas y explicaciones históricas. La crisis es sistémica en el sentido que abarca y disloca de forma inexorable a toda una sociedad. Es dramática por el sufrimiento inenarrable que padecen quienes viven en Venezuela y también quienes se han visto forzados a emigrar en búsqueda de nuevas oportunidades o como forma de evadir la violencia endémica y la represión de un régimen con grandes visos criminales. En sus fauces han caído también centenares de inversores y empresas extranjeras que una vez tuvieron gran éxito y fe en el país.

Intentando simplificar la explicación, y sobretodo explicar por dónde y hacia dónde vamos, comencé a utilizar la metáfora del país como una caravana roja; muy grande, mal pintada de rojo-revolución, con 28 millones y tanto de almas a bordo (muchas sin quererlo), con todo tipo de desperfectos mecánicos y un sinfín de malos hábitos y prácticas a bordo.

Este bus estuvo conducido hasta hace poco por un “carismático” chofer; ensimismado y ebrio de poder. Fue sustituido a su muerte por un inculto hombre cuya profesión no podría haber sido otra que la de chofer de bus. Trágico y destructivo traspaso de mando que validó y reforzó la metáfora.

El resultado de tal cúmulo de mala circunstancias no puede ser otra que terminar como amasijo de metal y víctimas en el fondo del abismo. Fondo que no terminamos de tocar a pesar de todas las proyecciones. Pasajeros y espectadores comparten una gran y definitiva incógnita: ¿qué tan profundo puede ser este barranco? Si unos u otros lo supiéramos, podríamos predecir el momento preciso del impacto y las consecuencias finales de esta agotadora crisis.

La imagen como lo visualizo yo, es con un conductor que pisotea la Constitución que fue “obra” magna de su predecesor, los militares que han sido una suerte de cómplices bajo lo que se denomina unión cívico-militar, la corrupción, el narcotráfico, la represión, la violencia, la resistencia de unos pasajeros que no abandonan la ruta democrática, las colas que definen hoy el diario vivir, las muertes por falta de medicamentos, y cómo omitir la tortura y las mazmorras. No podía faltar PDVSA, la empresa que permitió financiar lo bueno y lo malo ayer y hasta hace poco; en fin, no basta con cambiar el chofer de este bus, hay que entender porque es que terminamos como país en el fondo de tan profundo barranco.

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