La falta de valores del venezolano

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Muchas veces, conversando sobre la situación del país, me encuentro con otros venezolanos que atribuyen nuestra decadencia a nuestra forma de ser. Somos, según ellos, poco trabajadores, poco serios, condenados por nuestra cultura a ser pobres. En resumen, dicen, “tenemos el gobierno que nos merecemos”.

Esta es en mi opinión una de las ideas más falsas y dañinas que podemos tener sobre nuestra sociedad, ya que contribuye a la inacción y a la victimización.

Pertenece a esas falacias que existen para hacernos sentir mejor mientras nos impide
verdaderamente encontrar soluciones. Es un complejo de inferioridad que se convierte en profecía autorrealizada, del mismo tipo que ideas tales como “el tiempo de dios es perfecto” o “dios nos ayudará”. La verdad es que Dios ayuda a quien se ayuda a sí mismo, y que no existe ningún otro tiempo que el que nosotros decidamos.

En todos mis años en el extranjero, si hay algo que siempre me ha sorprendido, es la homogeneidad de la raza humana. Obedecemos a leyes bastante fáciles de comprender.

Lo que hace que un venezolano recurra a la delincuencia o a hacer trampa, en vez del trabajo honesto, es lo mismo que transformaría a cualquier ser humano alrededor del mundo. Y la causa de eso se encuentra en nuestro ambiente legal y económico.

Nuestro ambiente nos obliga a torcer nuestros valores para tener un símil de calidad de vida. Nuestros sueldos están entre los más bajos del planeta y todos sabemos que tener un trabajo normal significa renunciar a la posibilidad de alimentarse. Por ende buscamos alternativas, matamos tigres, hacemos trampa y llegamos a veces hasta a cometer delitos para escapar de nuestra pobreza.

Si la población venezolana viviese con libertad, bajo un estado de derecho que respetase en vez de oprimir, y bajo un gobierno verdaderamente responsable de sus actos, nuestra condición humana y nuestra “cultura” sería otra. Seríamos reconocidos nuevamente como la Suiza del Caribe.

Y nuestras calles, llenas como están hoy de delincuentes, estarían llenas de trabajadores honestos. Podemos estar en desacuerdo por ejemplo, con las actividades realizadas por los bachaqueros y sus precios exorbitantes. Pero la gran mayoría de ellos ha conseguido sus productos al final de largas colas bajo el sol, y tras realizar la investigación correspondiente sobre los precios de reventa, esperan igualmente largas horas hasta lograr vender los productos y poder regresar a casa.

Por más que parezcan inmorales los precios de reventa, la verdad es que el bachaquero trabaja, y aunque no nos guste la idea, por su iniciativa y resistencia un bachaquero en cualquier otro país con libertad económica sería un empresario exitoso.

¿Y que ha pasado en otros países que experimentan situaciones parecidas a las que vive Venezuela hoy en día? Un buen ejemplo con el cual podemos comparar a Venezuela son Alemania y Austria durante la hiperinflación, entre los años 1918 y 1924.

Alemania, uno de los pueblos más educados del planeta en aquel entonces, cometió errores que transformaron al país en lo que podría considerarse el hermano gemelo de la Venezuela de hoy.

A pesar de tener una tasa altísima de empleo, la pobreza era el pan de cada día. La gente decía el equivalente nacional de “no vale, yo no creo que podamos estar peor”, pero cada nuevo amanecer traía consigo una pérdida de valor del marco y la consecuente pérdida en calidad de vida. En 1918 una rebanada de pan costaba 0,25 Marcos. Para enero de 1923 esa misma rebanada costaría 700 Marcos, y para finales de 1923, más de 80 millardos de marcos. En los tiempos más fuertes se crearon leyes contra la glotonería, según las cuales una persona que comiera más que lo necesario podría ser multado y, en caso de recidiva, apresado. Como puede entender el lector, siempre se puede estar peor.

Evidentemente no fueron estas leyes, que intentaban hacer del alemán un ser más moral y compasivo, las que salvaron al país de la ruina. Fue la transformación de su moneda y la adopción de una política fiscal balanceada lo que lo hizo.

Por la módica suma de 1.000.000.000.000 Papiermark se podía obtener 1 (un) Rentenmark, cuyo valor estaba garantizado por tierras. En menos de un año la economía alemana dio un giro total y Alemania experimentó una pequeña edad de oro, por lo menos hasta que la próxima crisis global afectara a la industria alemana.

Aunque la solución alemana no se puede aplicar en Venezuela por razones políticas evidentes, existe un sinnúmero de eventos históricos cuya similitud con nuestra situación actual nos puede dar soluciones a nuestros problemas. Solo tenemos que encontrarlas y analizarlas sin sesgo político, y sin esa desesperanza que nos caracteriza desde hace ya varios años.

Todas las naciones han pasado por crisis parecidas a las nuestras, así que hay soluciones que podemos aplicar para rescatar al país. Lo que necesitamos es una buena organización y ganas de hacerlas realidad. Si deseas compartirlas y encontrar gente que busca soluciones como tu, puedes hacerlo enviando un email a jlpg81@gmail.com.

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