El anfibio: una triste clase política venezolana

0
458
views

Según los textos de biología el anfibio es un vertebrado de sangre fría y de piel lisa que pasa la primera parte de su vida en el agua respirando a través de bronquios y cuando alcanza la edad adulta se vuelve terrestre y tiene respiración pulmonar. Es decir, un ser vivo que cambia radicalmente su manera de vivir durante su período vital, a fin de sobrevivir en ambientes cambiantes.

El mundo político venezolano tiene representantes que pudieran ser catalogados como anfibios, por su habilidad para adaptarse a condiciones cambiantes, a fin de sobrevivir políticamente. También se les ha equiparado a los camaleones quienes cambian sus colores como medida de preservación. En el mundo animal estos cambios son la respuesta al instinto fundamental de conservación y no poseen un significado moral. La supervivencia es la razón suprema.

Ello no es así en el mundo del hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza y, por ello, obligado a condicionar su instinto de preservación a códigos morales y éticos que trascienden su vida física y lo diferencian del resto del mundo zoológico. El hombre debe vivir en función de esos códigos morales y, en su forma más genuina, supeditar su vida misma a esos códigos. No se trata de que todos seamos héroes o mártires sino de vivir nuestras vidas atendiendo a exigencias éticas que deben ser más importantes que el beneficio material. Al menos esto es lo que nos han enseñado en la escuela, en el hogar.

Sin embargo, en la vida política venezolana está saliendo a flote hoy una clase anfibia invertebrada que está cambiando sus actitudes pasadas por otras más acordes con el ambiente político existente, a fin de lograr posiciones de poder – algunos – o de recuperar prestigios pasados – otros. A diferencia del anfibio zoológico esta clase política venezolana está cambiando pulmones por agallas.

Esta estampida moral  ha ocurrido en otros países y en otras épocas.  El gobierno francés radicado en Vichy durante la ocupación nazi, representado por Pierre Laval y Henri Pétain, fue un ejemplo de esta rendición de los principios en favor de los deseos de figuración de gentes quienes, políticamente, ya no tenían ya nada que buscar. Las varias presidencias títeres de Juan Vicente Gómez fueron otro ejemplo. No solo estos presidentes  fueron simples fantoches del rústico sino que éste se dio el lujo de rodearse de intelectuales sumisos que le sirvieron.

Hoy asistimos al afloramiento de una nueva camada de anfibios políticos, gente que fueron demócratas alguna vez y que deciden adherirse a un movimiento que representa la validación de los pasados 18 años de miseria chavista. Son gente que, en nombre de la conciliación y del entendimiento entre los venezolanos, han terminado por ponerse al servicio de un régimen maldito que busca salir con impunidad del desastre que ha creado. Esa gente dice que hay que ir a votar en mayo de este año. Apoyan la candidatura de un tránsfuga, Henri Falcón. Se retratan  junto a los embajadores de un narco-régimen que ha asesinado, aprisionado y saqueado a los venezolanos. Se han convertido en cómplices del régimen y lo hacen con desvergüenza.

Triste papel hacen estos venezolanos quienes, como en el poema de Job Pim (Miserere por las mentidas primaveras) persisten en su afán exhibicionista, abjurando de sus principios. Decía Job Pim:

Del corpiño que aún hace ofertas

Lamentable nido de amor

Que encierra dos palomas muertas

Ten misericordia señor….

Triste la procesión de estos anfibios, hoy arrodillados frente al narco-régimen, haciéndole el juego, sirviendo de tontos útiles, fraternizando con tránsfugas como Henri Falcón y con el embajador del narco-régimen, Samuel Moncada para tratar de validar lo invalidable.

 El país no perdonará esta macabra alianza de los Eduardos, Semtei y Fernández.

Si quieres recibir este y otros artículos en tu celular descarga la aplicación Telegram, ingresa a este link https://t.me/ventanarotaweb y dale clic a +Unirme. Desde ese momento estarás informado de todos los nuevos artículos que son publicados.

Deja un comentario