Las capas de la cebolla

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El mundo político venezolano es como una cebolla cuya capa externa, la que está en el poder, tiene el color negruzco y la tristeza de la podredumbre. Evidentemente hay que quitarla, si no queremos perder toda la cebolla. Sin embargo, eliminar esa capa exterior podrida no será suficiente para salvarla.

Nos estamos dando cuenta de que la segunda capa, lo que pudiéramos llamar la endodermis, está casi igualmente infectada de mediocridad y de carencia de coraje cívico que la capa exterior. Esto es lo que está sucediendo actualmente con la maniobra que pretende llevar a cabo Henri Falcón, acompañado de un grupo de venezolanos quienes – desde hace algunos años para acá – transitan una vía ambigua entre un llamado a la coexistencia pacífica con el régimen y la promoción de una alternativa electoral prostituida.

Los miembros de este grupo, esa segunda capa de la cebolla incluyen – entre otros – a Eduardo Fernández, su hijo Pedro Pablo, Enrique Ochoa Antich, Leopoldo Puchi, Claudio Fermín, Carlos Raúl Hernández, Simón García, Felipe Mujica, Fernando Mires (quien parece ser, para Falcón, una especie de lo que fue Heinz Dieterich para Chávez), el mercenario Zapatero, algunos encuestadores que le hacen el juego al régimen y uno que otro de los hermanos Villegas. La tesis que este grupo sostiene, al menos de manera ostensible, es que “se pueden ganar las elecciones”, a pesar de que sean ilegítimas y fraudulentas y a pesar de que el régimen haya dicho abiertamente que “no entregará el poder”.

Y digo ostensible porque existe una macabra posibilidad de que este grupo de Falcón esté negociando con el régimen, de manera solapada, un entendimiento que permita establecer una transición en la cual esta segunda capa de la cebolla, la de Falcón, suba al poder mientras los criminales del régimen reciben – en nombre de la conciliación – las garantías necesarias para irse tranquilamente del poder, intocados con sus dineros mal habidos. Este es un escenario que he llamado “CABALLO DE TROYA”.

El argumento de este grupo es que “no es correcto dejar de votar, puesto que la abstención favorece al régimen”. El país digno argumenta que ir a estas elecciones fraudulentas valida la dictadura de Maduro, le da un barniz de legitimidad y – a menos que estemos ante un escenario de componenda – estará condenado al fracaso y debilitará cualquiera acción cívica basada en la existencia de un fraude electoral.
Hemos dicho que participar en estas elecciones fraudulentas es inmoral. Quienes la promueven se limitan a utilizar una estrategia politiquera.

Insisten en hacer ver esta tragi-comedia como un acto genuino de consulta popular, cuando solo es una farsa balurda y evidente para quienes quieran ver, una farsa que ha sido rechazada por millones de venezolanos y por los países democráticos de la región y de la Unión Europea. Al servir de comparsa al narco-régimen, Falcón y su charanga se ponen al servicio de un tragedia que ya le ha costado a Venezuela demasiado sufrimiento.

La gente de Falcón dice que la abstención no es una alternativa. Pero se olvidan de mencionar que lo que se está pidiendo en Venezuela no es una simple abstención sino una rebelión ciudadana, la cual complemente el rechazo internacional a la farsa que ellos apoyan. El grupo de Falcón habla de una simple abstención cuando lo que está planteado es un rechazo activo y militante en contra de la farsa, la protesta masiva de los venezolanos en contra del mamotreto electoral que Falcón está promoviendo.

No se trata simplemente de no acudir a votar sino de generar una masiva protesta cívica, un paro general, un verdadero levantamiento ciudadano expresado en marchas, protestas y huelgas en todo el país. Ello complementaría las sanciones internacionales, las cuales aumentan la presión en contra del narco-régimen y contribuiría a darle el golpe de gracia a la pandilla de criminales del chavismo y a sus cómplices liderados por Henri Falcón, quien es un populista más al estilo de Chávez y de Maduro. Ya estamos viendo sus promesas de limosnas y subsidios.

No solo una capa sino dos capas de la cebolla política venezolana están podridas. La de Maduro, la externa y la de Falcón, la inmediata. Será necesario seguir quitándole capas marchitas a la cebolla si queremos salvarla.

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