Venezuela en sala de parto

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No existe sobre el planeta una madre que pueda decir que tener un hijo fue tarea fácil, hasta las más suertudas tienen alguna anécdota amarga que contar y un momento de dolor, incomodidad, irritación o mal rato en general. Y si para una sola madre que da a luz a un solo ser aquel acto resulta complejo y doloroso, calculemos cuan complejo puede ser el parto de una deteriorada sociedad que se dispone en estas horas a dar a luz a ese ser llamado democracia.

Imaginemos ahora a esa madre llamada sociedad venezolana, aquella que luego de años de crianza patriarcal y caudillista llegó a su madurez en plena dictadura perezjimenista; y que se embarazo de sueños e ilusiones democráticas sembradas por esa generación del 28, para luego convertirse ambos, sociedad y líderes; en el binomio de padres primerizos e inexpertos que hasta llegada la revolución bolivariana intentaron criar, a su manera; al primer hijo: la democracia cuarto republicana. No es mi intención escribir sobre la Venezuela pre-Chávez, ya hay quienes se han encargado de eso mucho antes, pero sí recalco el asesinato sistemático de esa familia conformada por sociedad, líderes y democracia que aunque imperfectos todos, fue el mejor intento de un país para lograr sus objetivos como nación.

Sin embargo el genoma humano es maravilloso; porque aunque apareciera toda aquella decadencia social que ha marcado a Venezuela por 20 años, también nacieron líderes en los años 2007, 2014, 2015 y 2017 que a su vez sembraron esperanzas, y que han buscado desesperadamente junto a una nueva sociedad volver a engendrar una democracia.

Ahora podemos preguntar ¿de qué va toda esta analogía del proceso político venezolano con el hecho de dar a luz? pues es que es esa la forma como veo hoy a la sociedad venezolana, somos los padres y madres de la incipiente democracia que está por venir en nuestro país, y como encargados de cuidarla tenemos que entender que ese alumbramiento será un tanto lento y sumamente doloroso, que nos está costando y posiblemente siga costando la vida de compatriotas, que habrán quienes de dentro y fuera del país pretendan darnos instrucciones para criar lo que es nuestro, que hemos de saber que al finalizar el parto estaremos aún débiles como sociedad, que tenemos defectos por corregir y que como no, tendremos que perdonar cosas y a personas que hoy consideramos imperdonables.

Siendo así, ruego por dos cosas en mi país, la primera es que los venezolanos asumamos plenamente nuestro rol de padres de la nueva democracia y la nueva sociedad, que la alimentamos a diario y que comprendamos que nadie más podrá ser garante de nuestra libertad sino nosotros mismos. Y la segunda; es que antes de que podamos ver los frutos, traguemos grueso y aprendamos a asumir nuestro dolor, a asumir el perdón que necesitamos para avanzar, asumir la amnistía, asumir que necesitaremos una elección y que no podemos pretender cambiar la dictadura de Maduro por la dictadura de las mayorías para maltratar al resto del país que creyó en un proyecto equivocado, asumamos la madurez política de nuestra nación y vayamos a nuevos rumbos, prósperos y virtuosos.

Venezuela, mucha fuerza, mucha cordura, mucha paciencia y mucha confianza. Vienen momentos y situaciones complejas, no bajemos el ánimo ni la esperanza pero tampoco dejemos que la euforia nuble nuestro difícil camino.

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Político Venezolano, ex dirigente estudiantil, miembro del equipo regional del partido Voluntad Popular, asesor de comunicación ciudadana de la Asamblea Nacional de Venezuela, perseguido por la dictadura venezolana y exiliado en Uruguay.
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